Piques clandestinos

José David Solís Noguera

Detrás de la Plaza de Toros me tocó presenciar una carrera de motos “115”, donde cerca de unos cien jóvenes de estrato bajo no sólo ponían en peligro su integridad física, sino que al parecer han “institucionalizado” ese escenario – ilegal – para el tráfico de drogas y armas, la comercialización sexual de mujeres, la promoción de apuestas que resultan pagando hasta con su vida y la venta de objetos robados.

Me sorprendió como esos muchachos sin temor a la muerte quieren demostrar cuál es el más rápido, buscando el reconocimiento de los “parches” que viven intensamente entre la adrenalina que causa la velocidad y el poder económico que generan sus negocios ilícitos. Pero lo más preocupante es que ese tipo de actividades clandestinas se da también en las vías entre Cali y Jamundí y en la peligrosa vía que conduce al kilómetro 18, teniendo como protagonistas a conductores “alicorados” que entre motos de alto cilindraje y automóviles de alta gama hacen apuestas que superan el millón de pesos.

Aunque organismos como Secretaría de Gobierno, Tránsito y Policía de infancia y adolescencia hayan venido realizando operativos, siento que la capacidad de las autoridades no da abasto y su dificultad para contrarrestar los piques ilegales ha convertido este fenómeno en una amenaza para la ciudad. Los piques son un nicho para fomentar la delincuencia y estamos a tiempo de detener estas actividades promovidas en su gran mayoría por menores de edad.

Las autoridades de Palmira, Rozo, Candelaria y Jamundí, no pueden seguir peloteando su responsabilidad operativa para controlar esas carreras que perturban la tranquilidad de la comunidad argumentando que los piques son exclusivos de Cali.

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