Es una lástima que un motivo de celebración como el buen desempeño de la Selección Colombia en el Mundial se esté convirtiendo en otra causa de las alteraciones de orden público en nuestro país.
El triunfo ante Grecia le costó la vida a 9 personas en Bogotá y ocasionó 3.000 riñas. La capital tuvo que adoptar la ley seca para controlar la situación después del partido ante Costa de Marfil.
Tras ese encuentro, en Cali también se presentaron desmanes, riñas, accidentes de tránsito y varias personas resultaron heridas, motivo por el cual hoy en nuestra ciudad rige la ley seca, se prohíbe el porte de armas, se reforzará el pie de fuerza de la Policía en las calles y se aumentarán los puntos de control de alcoholemia.
La falta de cultura ciudadana llegó al límite de la incomprensión. Este mal comportamiento se ha vuelto una constante. Hace menos de un mes, Cali colapsó tras la final del torneo de la B en la que América cayó frente a Jaguares.
La semana pasada la Alcaldía anunció la cancelación de la cabalgata de la feria debido a los desmanes registrados durante la versión anterior. ¿Qué nos pasa? Estos comportamientos están lejos de los característicos de una sociedad civilizada y más parecen propios de las sociedades bárbaras.
No desconozco el esfuerzo de las autoridades para controlar las hordas de salvajes que surgen en los momentos de euforia colectiva. Sin embargo, la reflexión en el país debe trascender las medidas de contención.
Colombia debe encauzarse hacia la transformación cultural de las nuevas generaciones, un camino que la conduzca a un cambio radical de su escala de valores.
Es mucho lo que debemos aprender para convertirnos verdaderamente en un país moderno y desarrollado.
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