Peluda fidelidad

Rodrigo Fernández Chois

“Ustedes los hombres a lo único que son fieles es su peluquero” expresó mi interlocutora aguardando una respuesta de este servidor. Me quedé mirándola mientras tamaño veredicto daba vueltas en mi cabeza.  Hago memoria y me confirmo a mí mismo que efectivamente he sido fiel a mi peluquero por más de quince años. ¿A qué se debe esta particular lealtad masculina que nos hace seguir a nuestro fígaro donde se encuentre? Y más importante… ¿Qué consejo podrían darles estos maestros de las tijeras a las féminas para quienes la fidelidad masculina es un tesoro?

Entro sin más en los terrenos de la mercadotecnia recordando un concepto bastante trillado: lealtad de marca. Son tres las nociones claves del asunto: el valor percibido, la confianza y una especie de vínculo desarrollado. Tres elementos que los peluqueros y el público masculino desarrollan de manera inconsciente.

Veámoslo uno a uno:

1. Valor Percibido: Todos sin excepción sabemos que después de visitar a nuestro peluquero salimos convertidos en un clon de Brad Pitt. ¿Se puede cuantificar el valor que esto significa?

2. Confianza. No importa que la rasuradora esté aceitada o no, o que el peluquero se haya levantado de malas pulgas por sus desamores; tenemos fe de que, hasta con los ojos cerrados, harán un magnífico trabajo en nuestras cabezas.

3. Vínculo Desarrollado. Estos sujetos suelen ser personajes simpaticones que tertulian en la medida en que realizan sus podas y siempre muestran un interés en asesorarnos en materia de belleza. Y aunque el ejecutor de las tijeras no sea propiamente un ejemplo de Adonis, lo convertimos, y para siempre, en nuestro asesor de cabecera.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar