Entre 1810 y 1815 la Patria Boba se dio así: los patriotas criollos se dividieron entre independentistas, autonomistas y realistas. Unos querían la ruptura total con el Reino de España para fundar un Estado grancolombiano, otros solo pedían autonomía y participación en la administración virreinal y los otros eran defensores a ultranza del Rey Fernando VII y abominaban a Napoleón que brindó la oportunidad de reaccionar contra los borbónes por la invasión que hizo desde 1808; los tres sectores se trenzaron en polémicas de carácter territorial, de juntas patrióticas, con gritos y actas de independencia, por expedir constituciones provinciales exultantes y luchas regionales.
No se preocuparon por fortalecer un ejército para la guerra de independencia, mientras tanto los monárquicos se recuperaron, enviaron a Pablo Morillo y fusilaron a los más ilustres intelectuales, sabios y dirigentes de la época.
Hoy caemos en la patria boba al revés. Tenemos un acuerdo de Paz firmado después de 4 años de deliberaciones, existe el apoyo la comunidad internacional, primera vez que la ONU lo hace empleándose a fondo con una resolución del Consejo de Seguridad; ya está el grueso de la tropa guerrillera desmovilizada de sus sitios tradicionales de operación, con ayudas financieras externas anunciadas, con el cumplimiento de reglas del derecho internacional para lograr un acuerdo especial; pero convocaron a un plebiscito innecesario para someter la paz al juego electoral, ganaron traposamente los dirigentes visibles del No y ahora se trenzan en discusiones de remodelación a los acuerdos que dilatan la consolidación de la paz, con una Corte Constitucional sin resolver ninguna de las demandas que atacaban ese plebiscito.
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