Germán Patiño, un salsero converso y arrepentido, a quien todos le reconocen el mérito de haber fundado el festival Petronio Álvarez, sostiene que el evento nació por una decisión política de Germán Villegas y él lo asumió como un encargo más de la pasión tardía por esta música campesina y tradicional.
Patiño critica mis planteamientos porque su autor es simplemente un melómano, un melómano salsero, afirma como si fuera un insulto, cuando en nuestra larga amistad (no sé si ahora lo negará) hemos compartido nuestro amor por el jazz, la música brasileña, el latín jazz y otras expresiones.
Deja de lado mis planteamientos, se indigna porque sostengo que las categorías tradicionales deben organizarse sin ánimo de competencia, como una muestra, y no se detiene en la grave situación de la categoría Libre, que en diferentes ocasiones él mismo ha criticado seriamente.
Patiño (que no es crítico musical ni mucho menos músico) en esta oportunidad cita a Jairo Varela como un aportante del cambio inicial, cuando en realidad Varela fue un crítico constante de un evento que afirmaba: “Esto será música cuando la hagan los músicos”.
También menciona a Alexis Lozano, cuando el Festival se ha negado a escuchar las reflexiones de Lozano y nunca lo ha tenido en cuenta para nada.
Patiño sostiene que mi crítica nace por resentimiento contra un evento que reúne 100 mil personas (exagera, son 40 mil) y el Mundial de Salsa es “una reunión de compadres”.
Quizás tenga menos asistentes pero es la expresión urbana de Cali, la que recomiendan el Ministerio y Proexport como expresión auténtica.
El problema no es el Petronio o el festival de salsa, eso sería ridículo; el problema es la calidad y la buena destinación de los recursos.
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