La semana pasada estuvieron en Cali representantes de diez agencias de turismo norteamericanas. La iniciativa, liderada por Belisario Marín, buscaba motivarlos a incluir en sus paquetes turísticos el Valle del Cauca y el eje cafetero.
Al cierre de su recorrido, escuché la retroalimentación sobre la experiencia. Lo que dijeron me subió la moral que estaba alicaída por los sucesos que habían ocurrido en la semana. Para todos era su primera visita a nuestro país y les encantó.
En general, los impresionaron nuestros paisajes, el clima, la riqueza cultural y la gastronomía. Muy chévere escucharlo de expertos en turismo. Sin embargo, no fueron esos detalles los que me emocionaron. Varios de ellos se refirieron específicamente a la pasión que irradiaban los colombianos por su país y sus buenos modales.
Nos percibieron como gente comprometida y entusiasta que lucha para sacar adelante su país y que hace con pasión su trabajo. “Tienen un gran país. En todo el mundo hay problemas , pero en Colombia la gente es distinta”. Esa frase me hizo pensar. Sí, aquí pasan cosas malas todos los días, pero ¿En dónde no? Hasta en los estados que son paradigmas de la democracia y las libertades – como Francia o Estados Unidos – hay violencia, narcotráfico, atentados y homicidios, incluso secuestro y extorsiones.
No creo que Colombia haya tenido nunca calma. Desde las épocas de Bolívar y Santander hemos tenido confrontaciones y guerras. Sin embargo, aún en sus peores momentos los colombianos hemos sacado el país adelante. Ahora no tiene que ser distinto.
Estamos en una coyuntura histórica confusa, pero nuestra pasión por Colombia nos dará las luces que necesitamos para superarla.
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