Paros y subsidios

Entiendo la posición de los cafeteros, entiendo la problemática de los camioneros. Sin embargo, me resulta inaceptable que por su cuenta medio país esté incomunicado. La situación de estos dos sectores no es diferente a la de miles de colombianos: dificultades para vender a precios altos, dura competencia internacional, altos costos de producción, poco apoyo del Gobierno, precaria institucionalidad. Es la realidad de la economía de nuestro país. Los resultados de la última semana confirman que las vías de hecho no mejoran la situación y son la manera más certera de agravar los problemas. Tras ocho días de paro, la situación del país es caótica. Los alimentos y los combustibles escasean en buena parte del sur occidente del país y los especuladores hacen su agosto. A los problemas del mercado interno, ya empiezan a sumarse las dificultades en el comercio exterior. En estas situaciones se evidencia que en Colombia el interés general nunca prima sobre el particular. Para nuestra desgracia, la manera en que el Gobierno afronta los problemas estructurales del país, sobre todo estas coyunturas, está haciendo de los paros un buen negocio para quienes los emprenden. Los colombianos nada tienen de bobos y ya “le midieron el aceite” al gobierno Santos. La ineficiencia para echar a andar las locomotoras, los escasos resultados en sus estrategias y las ansias de reelección son un río revuelto en el que buscan ganancias muchos pescadores a costillas del bienestar de los ciudadanos. El Gobierno ya anunció duplicar las ayudas a los cafeteros y seguro los camioneros lograrán lo propio. Qué paradoja, ayer un representante del gobierno de Nueva Zelanda, uno de los países más competitivos del mundo, afirmaba durante su visita a nuestro país que la mejor manera de tener un agro competitivo es acabar con los subsidios.

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