Paranoia

Rodrigo Fernández Chois

Hace unos meses escribí una nota editorial que tenía por título “¿Paranoia?” fundamentada en la desafortunada percepción de inseguridad que padecemos los caleños.

Hoy, nuevamente hago uso del nombre de este trastorno mental para titular una columna, pero esta vez no a son de pregunta sino de tajante afirmación.

Cursaba en la capital mis estudios universitarios a finales de los ochenta y principios de los noventas durante la época de las bombas y el terror citadino engendrado por Pablo Escobar.

Recuerdo el terrible temor que sentía cuando caminaba por la calle y tenía que pasar al lado de cualquier coche que se encontrara estacionado.

Nunca olvidaré la mañana en que escuché y sentí la explosión ocurrida en el edifico del DAS mientras intentaba cumplir con un examen de inglés.

Padecía el miedo que angustiaba a Colombia entera…pero no era debido a una paranoia. ¡Era como consecuencia de una causa real!

Recordé esta desagradable aprensión con el acto terrorista ocurrido la semana pasada en la Escuela General Santander.

Una sensación de miedo y terror que gracias a Dios las nuevas generaciones hoy desconocen.

Sin embargo, para mi sorpresa, a los pocos minutos de ocurrido el lamentable suceso, en las redes empezaron a aparecer desquiciados juicios y explicaciones esgrimiendo una colosal y malvada conspiración que pretendía crear cortinas de humo y distraer la atención.

La abundancia de tales absurdas, perturbadas y paranoicas publicaciones son la prueba reina de un inquietante trastorno delirante que están padeciendo muchos individuos.

La dimensión del asunto es tal que perfectamente puede y debe ser catalogado como una peligrosa enfermedad de salud pública que merece nuestra total atención.

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