¿Para qué sirven?

Hugo E. Gamboa Cabrera

Como demócrata me preocupa, como a muchos, el funcionamiento de organismos como la ONU y la OEA. Ambos funcionan a medias, o no funcionan.

El Secretario General del primero, un señor Gutiérrez, es miembro del partido comunista portugués. La jefe de Derechos Humanos de la misma institución, es doña Michelle Bachelet, expresidente de izquierda en Chile. En la misma situación se encuentra una señora de apellido Moreghini, alta comisionada de paz de la Unión Europea, miembro del partido comunista italiano.

El secretario general de la OEA, señor Almagro, izquierdista uruguayo, no es mucho lo que pueda hacer allí pese a que ha demostrado su enorme molestia con el gobierno comunista de Venezuela, por represivo y antisocial.

Infortunadamente, es lo que uno no entiende, en ambos funciona una cosa que se llama el poder de veto y no por mayoría. En la ONU este veto lo utilizan Rusia y China, razón por la cual conflictos graves como los de Siria, Israel-Palestina y otros, como en África, nunca llegan a acuerdos porque ese veto se interpone por razones ideológicas y por la venta de armas.

Algo parecido le sucede a Almagro, donde se atraviesan los países de izquierda a los que poco les importa el sufrimiento de la gente de Venezuela, Cuba, Nicaragua, por mencionar algunos.

Por eso es que no se toman medidas como las de declarar criminales de lesa humanidad a Maduro y a muchos de su gobierno.

Igual sucede con el presidente de Siria. Solo sancionan a países pendejos como Colombia, como en aquel caso de Mapiripán, donde culparon al Estado ilegalmente.

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