Umberto-Valverde

Paquito D Rivera y Cabrera Infante

La presencia de Paquito D Rivera en el Teatro Municipal de Cali parece tardía, insólita, nunca había estado aquí, tampoco Arturo Sandoval.

Desde esa perspectiva es que estos festivales de jazz reciben críticas, poco es el criterio que aplican y dependen de empresarios intermediarios. Una vez lo escuché en Bogotá y, por fortuna, a Sandoval. Ahora estamos dispuestos a gozar de su concierto.

Nadie puede escribir una línea mejor de lo que hizo el maestro Guillermo Cabrera Infante, a propósito de su libro “Mi vida sexual” (Seix Barral, 2000). A propósito de Paquito escribió un tratado sobre el jazz.

Cabrera Infante nos recuerda la primera vez que lo escuchó en Londres con Dizzie Gillespie. Destaca su relación con la música brasileña, que ha sido un faro para quienes la oímos desde que dieron ese salto hacia el futuro con el bossa nova.

Cabrera dice que para Paquito “el jazz es el saxofón y, a veces, el clarinete. Pero uno lo asocia con el saxofón alto y él es su maestro mejor”. Afirma que Paquito lleva su instrumento a un territorio peligroso para mostrar que es una zona erógena: “el saxo es el instrumento del jazz más cercano al sexo”. Por eso el jazz es el “viaje al final de la noche de la música”.

En el jazz, dice mi maestro y amigo, han existido tres grandes saxos altos: Charlie Parker, “que tocaba como un músico negro”. Stan Getz, “que era blanco”. “Ahora que Paquito vive (¡Paquito lives!) toca saxo alto mulato. Estas son algunas de las grandes aseveraciones de Cabrera Infante, quien era la máxima expresión de eso que calificaba en algunas personas: “Llevaba la música por dentro”.

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