“País que duele”

Tomo el título de una columna de hace algunos años escrita por ese extraordinario personaje que es Antonio Caballero, columnista, caricaturista e iconoclasta, en la que decía “que el país juega al tute y hace trampa.

Que solo piensa en el ombligo. País violento, país mediocre, país pobre de espíritu. País con un dedo en la boca y un gesto dubitativo.

País de espaldas a sí mismo, de cabeza gacha, de mirada torva, de pecueca en el alma. País arrasado por la fronda burocrática.” Vaya idiosincrasia.

Esa reacción por la sanción del Procurador Ordóñez —de quien no acepto que confunda su dogmatismo religioso con su papel disciplinario— en contra de los desafueros de Petro, soberbio y egocéntrico.

Esa es una sanción disciplinaria similar a las que Ordóñez ha aplicado a casi un millar de funcionarios públicos, sin que se conozcan voces amenazantes.

Lo peor fue la actitud del minjusticia, Alfonso Gómez Méndez, de quien tengo malos recuerdos, resumidos en un famoso libro del periodista Manuel Vicente Peña Gómez (q.e.p.d.), al afirmar que al Procurador hay que quitarle facultades, cuando él, precisamente, siendo procurador y fiscal general, hizo y deshizo con las normas.

Con preocupación vemos que Colombia se nos está “venezuelizando”, con “boliburgueses” a bordo, dispuestos a “tirarse” un país que como el nuestro, con virtudes y defectos, es paradigma de la democracia en el continente, donde todo el mundo hace lo que le da la gana.

Petro tiene la oportunidad, como todos los colombianos, de acudir a instancias superiores y no ponerse en ese plan populista que lo único que contiene es aprovecharse del analfabetismo político de muchos colombianos, para subvertir el orden jurídico y la tranquilidad nacional.

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