Hugo E. Gamboa Cabrera

País de ensueño

Hugo E. Gamboa Cabrera

Cada que el presidente Gustavo Petro habla o tuitea, nos deja pensando a millones de colombianos. Uno no sabe si “nos mama gallo” o si realmente está enfocado en cosas o hechos reales. Estos días salió con el cuento que la baja del dólar se debe a la “magnífica labor económica de su gobierno”. Por Dios. Todos sabemos que si en EE.UU. tosen, por estos lados nos da gripa. Así de claro es eso. Igualmente, su ministro de Hacienda o el de Planeación repiten a cada rato que el país tiene una inflación muy baja, lo que igualmente copia el Dane, al que uno no le cree siendo su directora general dependiente de mucha confianza del Presidente, a la que posiblemente le dictan las cifras para que nos mantenga en una burbuja. Ni que decir del desempleo, cuando nos dicen que sus dígitos bajan, siendo lo real que algunas empresas están cerrando sus puertas o la producción por la inseguridad jurídica que existe. Asimismo han ilusionado a las juntas comunales de todo el país diciéndoles que ellas administrarán el servicio de Wifi, para lo cual se requiere dinero y plataformas.

Lo cierto es que la economía anda mal, sobre todo por el costo de la gasolina, con aumento mensual, elemento que arrastra con alto tan vital como la canasta familiar, la cual se encarece más y más, precisamente por causa del combustible que se utiliza para trasladar los alimentos de los campos y de centros de producción a las ciudades. Van a subir los peajes y, peor, después de las elecciones del próximo 29 de octubre, tocarán los precios del ACPM y diesel; como para que se emberraque hasta mamá Dominga. Y de repeso, crean un ministerio de la igualdad, cuando ya existen las dependencias que funcionan con lo mismo, con tremenda cantidad de clientela y con un presupuesto abismal de 500 mil millones de pesos, mientras en el Chocó y la Guajira, la gente padece hambre y convulsión social.

Mejor dicho, ese cambio que nos impusieron once millones de colombianos ilusionados, nos está resultando, en casi un año de gobierno, en un proceso agobiante y pesado. Dios ilumine a quienes viven felices desde los sillones abullonados de Bogotá.

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