Oscurantismo leguleyo

Fabio Cardozo

Después de tres años de dilaciones sin pudor, el Consejo de Estado decretó la nulidad de la reelección de Alejandro Ordóñez, el peor procurador que haya tenido el país. En manos de este personaje, que se hizo elegir apelando a prácticas corruptas expresamente prohibidas por disposición constitucional, estuvo la guarda de la moral pública y la defensa de los derechos.

Hasta el último momento de su deplorable mandato afrentó la decencia nacional, cuando señaló que su salida respondía a un pacto entre el presidente Santos y las Farc, omitiendo inmoralmente que esta resultó de la decisión tardía del alto tribunal, ante una demanda instaurada años atrás por sus prácticas clientelistas, verificadas por los nombramientos de familiares y afectos de los magistrados que lo nominaron, la famosa práctica ilegal: yo te elijo, tu me eliges, y cuya decisión fue postergada hasta el límite, por las recurrentes argucias del “guardián de la constitución y la ley”.

La afirmación del depuesto procurador atinente al supuesto pacto delictual entre Santos y las Farc para sacarlo, a todas luces inexistente, no solo compromete la independencia judicial de quienes inexplicablemente tramitaron sus argucias dilatorias, sino que malversa la verdad e insulta la inteligencia nacional.

Solo debe esperase que el Senado de la República no acepte su renuncia y  permita el tramite formal de la notificación del fallo de nulidad. Este rapto de dignidad al renunciar no le calza a quien logró su reelección violentando la Constitución y convirtió la Procuraduría en un tinglado politiquero y perseguidor de minorías.

Este “descache institucional” deberá servirle al Congreso para elegir a alguien mejor, creo que cualquiera podría serlo.

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