Como toda nación católica que se respete, Colombia anda muy preocupada por sus niños, en especial después del “sacrílego” anuncio de las Farc, de solo reclutar menores de 17 años.
La respuesta oficial no se hizo esperar: la Corte Constitucional, otrora liberal y progresista, pensando como siempre en el “bienestar de los menores”, decidió negar su adopción a parejas del mismo sexo, seguramente influenciada por la invocación científica de los enfermos mentales de la Universidad de La Sabana -única institución en el mundo en donde no hay gays-.
Desde luego, este sesudo y apretado fallo, “desempatado” por un prominente conjuez del Partido Conservador -colectividad que, por sus convicciones religiosas, mas no sexuales claro está, aboga siempre por la familia de unión heterosexual- decidió con su voto como la Corte esperaba: en contra…, pensándolo bien, en contra de los niños y las niñas -como decía un político, que ya no recuerdo si era de Cali o de Bogotá, de la U o uribista, pero de lo que sí me acuerdo, es que nos salvamos de él-.
Por supuesto, el Congreso no podía quedarse atrás en tan revelador asunto, participó de esta opereta nacional, por cuenta de la senadora liberal Vivian Morales, quien propuso someter este tema a consulta popular, adivinen ¿cuál sería el resultado siendo tan piadosos como somos, a pesar de algunas y aisladas muestras de crueldad que se nos atribuyen? Más breve y barato resultaría lo del conjuez.
Con senadoras así de liberales, para qué conservadores. Y pensar que dos amigos me tenían enredado para votar por ella. Estoy por creer el infundio comunista según el cual los partidos son la misma cosa. Creo, con resignación, que Colombia es un lugar peligroso para los niños.
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