Emitirán nuevos billetes de cien mil, cincuenta mil, veinte mil y diez mil pesos, que en su orden, estampando sus rostros, rendirán homenajes a Carlos Lleras Restrepo, Gabriel García Márquez, Alfonso López Michelsen y Virginia Gutiérrez.
Su circulación le quitará vigencia a ese bolero cuya letra pregona que queremos comprarle a la vida cinco centavitos de felicidad. Héctor Ulloa, su compositor, fue optimista cuando propuso el negocio, pues cinco centavos representaban el 20 por ciento de un peso oro, billetes que en ese entonces todavía tenían valor adquisitivo y reserva en metal precioso en el Banco de la República.
Pero en los tiempos del cólera inflacionario, con tal propuesta no compraríamos ni cinco imperceptibles segundos de alegría; hoy los centavitos apenas equivalen 20 pesitos de porcentaje, menos del 0,0020 % frente al nuevo billete de 100 mil, que sí provocará angustia debido al temor que nos metan uno falso.
La angustia persistirá aun siendo legítimo, porque no lo recibirán en ninguna parte donde dirán que no tienen para los vueltos. La única manera de sortear las afugias será cayendo en el consumismo obligado, es decir, comprando cosas que ni necesitábamos, pero que nos imponen por precios que sumarán más de la mitad del billete.
Lo positivo del asunto es que se honrará a nuestro Premio Nobel García Márquez, tal vez porque no entendieron que en su libro, Vivir para contarla, el escritor narró sus memorias y jamás pidió que lo contaran en billetes en las cajas de los bancos. Pero se lo merece, porque, así como Simón Bolívar figura desde los primeros billetes, por ser el padre de la patria; García Márquez figurará por ser el padre de las letras.
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