En estos días hay un fuerte movimiento a favor del voto en blanco sobre todo en las redes sociales. Quienes defienden el voto en blanco manifiestan que están cansados de la politiquería, de la falta de alternativas y de la baja renovación.
Hasta hace unos días, el voto en blanco sencillamente me parecía el pretexto de los facilistas electorales pues me resultaba imposible que alguien no encontrara dos candidatos que le gustaran en medio de las 2.750 opciones.
La semana pasada escuché a varios politólogos analizando el impacto del voto en blanco en la consolidación de las estructuras tradicionales y del clientelismo. Seguramente quienes defienden el voto en blanco no se han puesto a pensar que, contrario a lo que desean, contribuyen a reelegir a los que no les gustan.
¿Por qué con el voto en blanco pierden los partidos sin estructura y los nuevos candidatos sin maquinarias? Sencillo, los votos del clientelismo están asegurados, sus electores saldrán disciplinadamente a votar, mientras que los candidatos nuevos tendrán menos votos porque los electores de opinión elegirán una cara vacía en el tarjetón.
No me cabe duda de que votar a conciencia no es una tarea fácil, exige dedicarle tiempo e investigar las alternativas. Sin embargo, pregunto, ¿cuando alguien debe escoger un empleado o un proveedor para su hogar o empresa, cómo lo selecciona?
Seguramente, pidiendo hojas de vida, preguntándole referidos a sus amigos y verificando referencias para escoger el que más le guste.
¿Qué esfuerzo real hacen los colombianos para escoger a su senador y a su representante? Ninguno. Es una lástima porque en el Congreso se definen aspectos esenciales de la vida de todos. La reforma a la salud, a la educación y a la justicia son temas pendientes que ameritan un esfuerzo de todos para elegir bien.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

