La primera vez que vi teatro, hace ya 50 años, Ivan Barlaham Montoya actuó “En la diestra de Dios padre”, dirigida por Enrique Buenaventura. Después lo vi en muchas otras obras y él parecía como la sombra imprescindible de la dramaturgia.
Tuve el honor de ser su cómplice en la misión de sembrador del teatro, abriéndole espacios en varios colegios de Cali. Llevó sus talleres y presentó, entre otras, “El brindis”, obra suya vigente en tiempos de la rebeldía estudiantil. Más de una década los caleños lo admiramos en los desfiles de Cali Viejo por su comparsa, diría mejor reencarnación, de Jovita Feijoo.
Al director artístico de la Feria de Cali, le sugiero que para evitar cualquier irreverencia, convoque a un casting para escoger al reemplazo del irremplazable porque de lo contrario habría una suplantación.
En la última obra teatral que vi a Ivan Barlaham Montoya, fue en “La orgía”, del Grupo Barco Ebrio en la Sala Salamandra, 40 años después de la versión original del TEC, donde conjugó el acatar la impronta de un nuevo director escénico y su ameno estilo personal.
Ivan Barlaham Montoya, fallecido el jueves 24 de agosto, deja el legado de 28 direcciones teatrales y millares de actuaciones actorales en 78 obras, 21 publicaciones de dramaturgia y 104 libretos inéditos.
Comprendo que su sepelio pasó casi inadvertido, obedeciendo a su última voluntad, pero eso no es óbice para que la Administración Municipal lo perpetúe con un gran homenaje póstumo. Que este se inicie con la proyección de “No me interesa morir” (2015), el documental de Clara Rubiano, sobre la vida del gran actor.
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