No más al show en Cuba

La historia está llena de ejemplos en que la paz se consigue mediante la acción de las fuerzas legítimas, que le abre las puertas a un final político sin rendición del Estado ni el otorgamiento de concesiones al terrorismo.

Esa es la ecuación apropiada. Lo demás son intentos ingenuos que nunca son correspondidos por quienes buscan imponer su versión de un sistema político y económico a bala, o beneficiándose de los afanes y sueños de grandeza de su interlocutor en la mesa. Mientras se les permita seguir buscando oxígeno político, las Farc continuarán aprovechándose de todos los espacios que se les regalen.

Juan Manuel Santos cometió un grave error histórico al abandonar una ruta que estaba acercando a nuestro país a un escenario de posibilidades reales de paz, para transitar otra vez por caminos que condujeron a frustraciones y fracasos en el pasado.

Después de haber intentado todo para llegar a marcos de entendimiento con las Farc, es decir, amnistías, indultos, ceses bilaterales de fuego, conversaciones en el exterior, zonas de distensión, puertas abiertas en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, en fin, de no ahorrar esfuerzos ni imaginación institucional, se estaba avanzando hacia un espacio que no ha sido posible ensayar. Dicho marco es el de los diálogos previa cesación de las acciones terroristas de esa organización.

La decisión de cambiar de rumbo tendrá un costo incalculable para el país.

El lamentable espectáculo del Presidente levantando la voz para reclamar a las Farc que jueguen limpio, como si alguna vez lo hubieran hecho, no es más que la prueba de su angustia por la cercanía del proceso electoral.

En La Habana hay dos procesos: el que sólo está en la mente de los ideólogos oficiales y, por otro lado, el de las Farc, que buscan acabar con todo. Lo mejor para Colombia, hoy, es decirle no más al show de Cuba.

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