Mañana la ONU conmemora el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Oficialmente el día se implementó desde el 2000 para honrar la memoria de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas de la República Dominicana que fueron asesinadas en 1960 por orden del dictador Rafael Trujillo. Sin embargo, los grupos de mujeres lo implementaron desde 1981, dos años después de que el organismo había aprobado la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer sin ninguna repercusión real.
A pesar de los esfuerzos que se han hecho para visibilizar la problemática, la violencia contra mujeres y niñas continúa siendo un problema a nivel mundial. Según la entidad, hasta la fecha, solo dos de cada tres países han prohibido la violencia doméstica, mientras que en 37 estados todavía no se juzga a los violadores si están casados o si se casan posteriormente con la víctima. Además, en otros 49 estados todavía no existe legislación que proteja a las mujeres de la violencia doméstica.
Desde el 2008, también la ONU lleva a cabo la campaña ÚNETE que busca aumentar el nivel de concienciación sobre el problema, sin muchos resultados. En ese aspecto, pienso que las primeras que debemos darnos cuenta de los diferentes estadios de la violencia, de sus posibilidades de escalonamiento somos las mujeres. Los investigadores afirman que no atender signos tempranos de violencia es parte del problema.
Reflexionando sobre este aspecto recordé la parábola de la rana y el agua caliente. “Un día, una rana saltó a una olla de agua hirviendo. Inmediatamente, saltó para salir y escapar de ella. Su instinto fue salvarse y no aguantó ni un segundo en la olla. Otro día, esa misma olla estaba llena de agua fría. Una rana saltó adentro y nadó tranquila. Estaba feliz en esa ‘piscina’ improvisada. Lo que la rana no sabía es que el agua se iba calentando poco a poco. Así que al poco tiempo, el agua se transformó en agua templada pero la rana se fue acostumbrando y seguía nadando. Poco a poco, el agua siguió calentándose y llegó a estar tan caliente, que la rana murió de calor. Ella no se dio cuenta que el calor aumentaba de forma gradual y se iba acostumbrando a él” ¿Qué tanto nos pasa a las mujeres lo de la rana en torno a la violencia de género?
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