Según el Observatorio Social de la Alcaldía de Cali, durante los cuatro primeros meses de este año han sido asesinados cerca de 50 menores de edad, incluyendo a una niña de diez años que murió el pasado fin de semana por una bala perdida.
Los casos de muertes por balas perdidas han aumentado en el 2015 y las responsables siguen siendo en gran medida las pandillas que en medio de sus disputas se disparan entre sí, dejando a los habitantes de barrios como Potrero Grande, El Poblado y Siloé expuestos a la crisis de violencia. La Personería le ha hecho un llamado a las autoridades locales para que refuercen sus estrategias y se eviten este tipo de casos.
Si bien hoy la legislación en favor de la niñez ha avanzado y contamos con políticas públicas que amparan a nuestros menores, la realidad en muchos casos es otra y los niños resultan muertos por balas perdidas cuando se encuentran jugando fuera de sus casas.
Es costumbre que en algunas partes de Colombia se celebre disparando un arma al aire y por eso resulta muy importante que nuestros gobernantes miren este tema con responsabilidad y adopten medidas que propendan por el bienestar social integral de los niños.
No basta sólo con prohibir el porte de armas de fuego a los particulares, sino que se debe educar a la población creando la cultura de respeto por la vida y de tolerancia al otro, movilizando a toda la comunidad e involucrando tanto a los adultos como a los niños y adolescentes en su protección, integridad y desarrollo. El futuro de nuestros niños depende del mundo en el que vivan y los adultos somos responsables de cada uno de sus pasos.
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