Hugo E. Gamboa Cabrera

Ni tanto que queme al santo…

Hugo E. Gamboa Cabrera

Algunos, sobre todo políticos en plan de campaña electoral, se van a molestar porque hoy le reconozco a Rodrigo Guerrero Velasco, alcalde de Cali por segunda ocasión, que su labor al frente de tan difícil potro ha sido encomiable.

Hace algunos días le sugerí a un personaje muy importante de la ciudad, con altas posibilidades de ser candidato a la Alcaldía caleña o a la Gobernación del Valle, que le “jalara” a la primera, y me argumentó que le gustaba más la segunda, pues considera que dirigir a Cali hoy no es fácil, por la incomprensión y antropofagia que nos caracteriza a los caleños.

Lo cierto es que a Guerrero le tocó heredar administraciones anteriores penosas, como la de Jhon Maro, Apolinar y Ospina, aun cuando este último fue arriesgado y se lanzó al charco proponiendo 21 megaobras sin diseño, sin planeación y sin cobertura financiera; importaron más otras “cosas” que las obras en sí mismas, las que dejaron inconclusas y con la olla raspada y, peor, sin que los ciudadanos pudieran pagarlas.

Un MÍO con problemas de planeación y quebrado; la Procuraduría acaba de inhabilitar y multar al gerente de entonces, quién, además, pagó el valor total de la Estación “Calima” a unos israelitas (¿?) que se robaron el dinero, sin que nada se sepa. Ni qué decir de la inseguridad galopante que le dejaron, el centro invadido por informales.

No ha sido fácil para Guerrero manejar esos galimatías. Este señor ha sabido administrar, sin rencores y sin espejo retrovisor, poniendo orden al desorden inmenso que encontró. Por eso lo comprendo y, como Juan Salvador Gaviota, “aprendió a volar y no se arrepintió del precio que pagó”.

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