Narcotráfico y política

Rosa María Agudelo Ayerbe

Sería ingenuo no aceptar que los dineros del narcotráfico vayan a permear las elecciones de octubre. Colombia está nadando en coca. Lo que estamos viviendo es la recomposición del narcotráfico en las zonas que eran influencia de las FARC y quienes están tras el negocio están en una lucha territorial a sangre y fuego.

Los datos más evidentes son el aumento de las muertes violentas en los municipios cocaleros del país, pero sin duda ese no será el único coletazo de esta arremetida. El control territorial también pasa por lo político y no me cabe la menor duda que los “nuevos capos” necesitan fortalecer sus lazos con los mandatarios locales que actúan como jefes de policía en sus territorios.

La Misión de Observación Electoral (MOE) ha sido tímida al decir que existe “la posibilidad” de que las mafias acaparen algunas campañas.

En el caso del Valle, la entidad ha puesto el ojo en Buenaventura pero también podría suponerse que Jamundí vive la misma situación y que no están exentos municipios en los que la presencia del narcotráfico ha sido histórica en nuestro departamento.

Los rumores sobre alianzas entre diferentes grupos para financiar campañas se oyen en todas las esquinas. ¿Qué se puede hacer? Sin duda, hay que seguir el dinero. Desafortunadamente, los recursos que tiene el Estado de rendición de cuentas, los topes y los informes no sirven para nada. El dinero del narcotráfico se muee en efectivo.

Sin duda, ese dinero es el que se usa en las campañas para pagar buses, lechonas, papelería, votos… Suena utópico pero el poder de frenar esta arremetida queda en los ciudadanos y pareciera que el voto a conciencia es la única respuesta.

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