Este fin de semana empezaran a llegar más de 4.000 deportistas, directivos, entrenadores y periodistas, y salvo mejor opinión de los organismos de seguridad, no observamos operativos adicionales que permitan proyectar la ciudad que queremos en los diez días de juegos.
Aparentemente insignificante es el problema de la invasión en calles de prostitutas, algunas de ellas que originan situaciones criminales, que pueden enterrar nuestra imagen cosmopolita. El mensaje es controlar estos “ilegales” servicios callejeros, pero también a las casas de citas y las prepago por celular con anuncios en los periódicos. La última experiencia vivida con el excongresista Octavio Zapata y la de ciudadanos que han sido muertos o atracados por “mujeres alegres” y homosexuales, obligan a redoblar la vigilancia y el control de estas actividades.
El debido control de la Policía en el MIO y sitios públicos sobre atracadores, carteristas, etc. y los que llegan, requiere una acción ciudadana que debería ponerse en práctica a través de las redes sociales, taxistas, voluntarios y el 123. Se necesita ejecutar este programa por la experiencia en olímpicos y mundiales.
El control antiterrorista debe ser similar al de la Cumbre del Pacífico, no solamente con fuerza pública, sino que el apoyo tecnológico e investigación debe concentrarse en la ciudad, por el tamaño de este evento deportivo que es superior, por lo que la cobertura de todos los escenarios deportivos, hoteles y el transporte debe redoblarse.
No me cabe duda de que aquellos que pretendan generar movilizaciones en los Juegos deberían cambiar de fechas, concertar con el alcalde Guerrero por lo menos una agenda posterior, todo porque la ciudad está por encima de nuestras querellas, por muy válidas que sean.
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