Mientras en el Perú y otros países suramericanos la justicia es bastante activa con la problemática de Odebreth, incluso enviando comisiones judiciales al Brasil, epicentro de esa multinacional, para profundizar sus investigaciones contra funcionarios involucrados en graves procesos de corrupción, en Colombia no pasa nada.
Es más, aparte de no enviar a nadie a investigar sobre el tema a ese país hermano, ya la Corte Suprema dijo que no “tiene dinero para sufragar gastos de viaje”. Allá hay detenidos y algunos ya condenados. Acá, todo el mundo ha pasado de agache, como es costumbre.
Los altos magistrados están más preocupados por elegir registrador nacional y esperando con ansia la terna presidencial para escoger Fiscal General, y evitar que les saquen familiares de cargos importantes, o para pedir más burocracia en estos organismos del Estado. Esa fue una de las peores cosas, brindarle a las Cortes esa “mágica” oportunidad de entrometerse en asuntos de la política nacional, perturbando no solo la tranquilidad de la nación sino también politizando de manera perversa el normal desarrollo de la justicia y ganándose, de paso, el fastidio de la opinión pública.
Gracias a eso se creó un “cartel de la toga”, que declara inocentes a los que pagan y culpables a los que hacen oposición. Qué vergüenza. Y tipos como Montealegre y su exvicefiscal, Perdomo, libres como el viento, creadores de los peores montajes judiciales contra los opositores del gobernante de turno. Y como esos, otros más, gozando de una libertad injusta y rozagante, en un país desbarajustado por ellos mismos, donde cunde el temor y la paranoia.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






