Momento para la renovación

Francois R, Cavard M.

Entre las definiciones que el diccionario de la Real Academia Española presenta para el verbo renovar, hay dos que considero oportunas para el momento político por el que estamos pasando: “Sustituir una cosa vieja, o que ya ha servido, por otra nueva de la misma clase”, y “Dar nueva energía a algo, transformarlo”.

Todo equipo se conforma con una finalidad, se articula para que logre unos propósitos. También es un hecho que el resultado obtenido al final de la gestión de un equipo es determinante para justificar su existencia, para justificar su vigencia, para acreditar su prolongación como cofradía. De igual manera, el desenlace será el que decrete la continuidad de todos o de algunos de los miembros de ese equipo, suponiendo que el equipo siga teniendo razón de ser.

Cualquier equipo que después de seis años de exclusiva y comprometida gestión somete su producto final a una aprobación objetiva, medible y ponderable del público en general y no la obtenga, es un equipo que debe renovarse con urgencia y casi que en su totalidad.

Esta aseveración cobra mayor vigencia cuando la no aprobación de ese producto final fue inocultable y concluyente, cuando el desenlace de ese beneplácito que no se obtuvo fue ajeno a interpretaciones cualitativas.

Un resultado adverso obliga a cambios de energía, obliga a la implementación de modificaciones sustanciales en ese equipo perdedor con miras a transformarlo para que se sintonice con las verdaderas expectativas que las mayorías tienen y que no fueron satisfechas. Insistir en disputar el campeonato con los mismos jugadores viejos y cansados que ya fracasaron no es de perseverantes, es de insensatos.

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