Guerras y conflictos sociales graves en el Oriente Medio y África. De estos países en crisis están saliendo las poblaciones despavoridas en éxodos continuos que tienen la a Unión Europea (UE) en alerta.
La solución debe encontrarse de manera multimodal: 1) con la aplicación de la tasa Tobin (el 1% de todas las transacciones destinadas a combatir la pobreza y a generar empleo); 2) con la autoridad de la ONU si funcionara el Consejo de Seguridad, frenando a los dictadores que causan genocidios; 3) controlando el calentamiento global para evitar desastres naturales que también desplazan población.
Estos éxodos crean una presión a los países donde llegan los refugiados y migrantes. Demuestran además que planetariamente el sistema multilateral no tiene procedimientos de respuesta, quedando claro el desorden mundial actual. Y de contera gran porcentaje de estos éxodos, por fuera del factor económico, están atravesados por la radicalidad religiosa que subyace entre los monoteísmos: el islamismo y el cristianismo.
Estos éxodos masivos desequilibran el mercado laboral, pero hay que buscar las soluciones. La población que deambula por varios países aumenta el número del precariado en cada estado.
La Comisión Europea está recomendando la recepción de la población flotante con una fórmula que tiene en la cuenta la extensión de cada país, su número de habitantes y su economía. Alemania recibió en el año 2014 a 200.000 migrantes, en el 2015 autorizó un cupo de 800.000. Hungría, República Checa y Eslovaquia tajantemente han dicho que no.
Si hay “flujo migratorio ilegal” con los que quieren traspasar las fronteras sin llevar visas y sin portar pasaportes es porque en sus países hay desorden y no tienen oportunidades, y si no hay control en esos países ni desarrollo es porque existe un desorden mundial.
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