Que yo recuerde, Colombia nunca había vivido una campaña electoral para la presidencia de la república tan tenebrosa. Muchas amenazas, que si X no gana, “arderá Colombia”; que si X pierde, “le hicieron fraude”; que si sacan a Alexander Vega antes del 29 de Mayo, Colombia se convertirá en un m…
En fin, toda una sintomatología de lo que se determina desde ese terrible Foro de Sao Paulo, donde no importa el fin sino los medios o, al contrario también, es decir, la combinación de todas las luchas.
Lo cierto es que han infundido tanto miedo por redes sociales, por radio y televisión, por prensa escrita, con declaraciones salidas de tono o con contenidos mentirosos, con encuestas realizadas por teléfono cuando millones han dicho que jamás los llamaron o llaman, con reconocidos periodistas que uno no saben si cobran mucho como cuando Santos era el presidente o porque, les han ofrecido muchas dádivas materiales por si gana el que ellos suponen.
Soy de los que creo que habrá segunda vuelta. Entonces, allí es donde muchísima gente, silenciosa una parte y de los perdedores por otra, tomarán partido y definirán el futuro de este país que seguramente no querrá que lo gobiernen ni corruptos reconocidos y escondidos pero identificados ni bandidos de cuello blanco y de cuello oscuro ni el bandidaje en general.
Los ejemplos de otras naciones, latinas para no irnos tan tejos, que vivieron algo similar, pero tuvieron mala suerte al equivocarse, son la muestra fehaciente de que Colombia no desea, bajo ningún punto de vista, ese ropaje.
Sí, nuestro país requiere cambios estructurales sociales, políticos, económicos urgentes, pero bajo el esquema democrático y no con la amenaza permanente en el cuello. Dios, en quién creo firmemente, sabrá iluminarnos o, castigarnos severamente, por pendejos.
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