Una vez, estando en Bogotá, Eligio García Márquez, Yiyo, me dijo: “Vamos a Cromos, para presentarte a Fiorillo”.
Era la Cromos cuando quedaba en la calle 19 con carrera 5.
Cuando entramos a Redacción vimos un joven frente a una máquina de escribir, con unas gafas grandes.
Desde ese momento, se conformó un cuarteto de amigos, Roberto Burgos, Yiyo, Fiorillo y Valverde. Era, más o menos 1977.
Burgos, Eligio y yo, éramos amigos casi una década antes.
Iba frecuentemente a Bogotá, había vivido dos años después de mi estadía en México, compartiendo apartamento donde Carlos Mayolo, que me alojó.
La carrera de Fiorillo fue de esplendor.
Estuvo en el noticiero de las 7, en Noticias Uno, sobre esos tiempos hay un testimonio de Coronel, donde asegura que todo el periodismo se lo aprendió a Fiorillo.
Años después, casi dos décadas, comimos en Barranquilla, Fiorillo, Coronel y mi persona.
Era en el gobierno de Uribe y toda la noche habló de una persona que poco se mencionaba entonces, Mancuso.
Con Fiorillo nos volvimos a encontrar en Nueva York, cuando vivía en Manhattan, en un pequeño apartamento con Claudia Muñoz.
Fuimos a la fiesta de los puertorriqueños, me acompañó, feliz, a entrevistar a Nelson Pinedo, en un evento especial de la Sonora Matancera, y mientras conversábamos, llegó Tite Curet, y hablaban solo Nelson y Tite, nosotros, en una dicha absoluta, oyendo.
Después fueron los tiempos del Festival de cine de Cartagena, todos los años, creamos y Gabo nos respaldó para conformar el Jurado de la Crítica, con autorización de Víctor Nieto.
Más adelante, Gabo era el Asesor del Festival y nosotros, sus contertulios en el restaurante del Hotel Caribe, en desayunos que empezaban cuando veníamos de la playa, a las 8, y duraban hasta el mediodía.
Fiorillo terminó creando el Festival del Caribe, a partir de la recuperación del restaurante La Cueva.
Me llevó varias veces, una de ellas, para hablar con el músico legendario y compositor de Celia Cruz, Senén Suárez.
Nos tocó despedir a Eligio García y la última vez que hablé con Fiorillo fue cuando murió Roberto Burgos, a quien había visto una semana antes en Barranquilla.
El cuarteto se fue muriendo, ahora solo quedo yo.
El martes 30 de mayo supe la noticia y recurrí a estos recuerdos.
Cuando se publique esta columna estaré, en el comienzo de junio, en Cartagena, la ciudad que amamos, donde oíamos, en vivo, a Sofronin.
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