Sesenta días cumple el alcalde Maurice Armitage al frente de la capital del Valle. El gran pendiente del nuevo mandatario es la posesión del presidente de Metrocali, Armando Garrido.
Si bien las fallas en la prestación del servicio son tan graves que la llegada de un funcionario sin experiencia en el ramo no va a hacer la diferencia en el corto plazo, precisamente es urgente su llegada para acelerar su curva de aprendizaje.
Durante los últimos 4 años, desde que se retiraron gran parte de las rutas tradicionales, los caleños han afrontado los mismos problemas. Las largas esperas, los interminables transbordos y el sobrecupo en los buses son el calvario que viven quienes tienen que movilizarse en el MIO, realidades que han fomentado sistemas alternativos de transporte.
Un círculo vicioso que le hace daño a las deficientes finanzas del sistema: mal servicio, otras alternativas, menos usuarios, menos recursos para operar. La semana pasada se conoció un informe según el cual cada día circulan casi 300 buses menos de los necesarios, vehículos que se le quitan especialmente al oriente de la ciudad, sector donde se encuentra la mayor demanda. El problema del transporte público no puede seguirse administrando, hay que solucionarlo.
Lo cierto es que hasta el momento las decisiones se han tomado para ayudarle a los concesionarios a solucionar sus problemas financieros sin que se les haya exigido respuestas operativas que satisfagan a los usuarios. La nueva administración debe buscar soluciones de fondo que pasan por evaluar si realmente este monopolio es lo que le conviene a la ciudad o si es necesario abrir la puerta para que otros compitan por los usuarios.
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