Es una lástima que después de casi dos décadas ninguna de las administraciones que sucedieron a la de Ricardo Cobo haya tenido la valentía de reconocer que el sistema de transporte masivo sobre superficie ha sido el más estruendoso y devastador fracaso de la sociedad caleña.
Sobre el MIO recae la responsabilidad de haber potenciado la tugurización y el desorden urbano de la ciudad. La ilegalidad ha crecido como una pandemia ligada a los factores de desorden que ha impulsado la privatización de nuestras calles.
Las miles de motos particulares, los cientos de carros que ilegalmente transitan por la ciudad, los camperos, los buses chatarras, los motorratones y ahora los bicitaxis, entre otros, son hijos directos de las limitaciones estructurales del MIO.
Lo grave de todo esto es que el desorden urbano producido por el MIO es la causa directa de la inseguridad que azota todos los rincones de la ciudad y que ninguna de estas administraciones ha querido aceptar y menos la actual, que parece elegida por los vendedores ambulantes para que como ha hecho, les cuide sus andenes y sus esquinas.
La consigna en esta campaña debe ser a toda costa la construcción del Metro. Por esta razón es que entre toda esta variedad de candidatos, la coyuntura electoral va a extrañar que no esté entre ellos Cobo o mínimamente uno parecido a él, que sí se hubiera apropiado de la legitimidad de este proyecto y lo hubiera ligado a la recuperación de la seguridad, como lo intentó hacer en su administración.
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