Desde el corregimiento de Navarro, donde operó el botadero a cielo abierto más grande del suroccidente colombiano, los caleños enviamos mensajes cifrados a nuestros ciudadanos, al país y al mundo; van ocultos en el agua, insertos en las entrañas del río Cauca.
Según el Conpes 3624 de 2009, el basurero acabó con la madrevieja del río porque en los 38 años de operación no hubo ningún control para los lixiviados que se filtran, a través de Canal CVC Sur, al río Cauca, el cual surte la planta de agua potable Puerto Mallarino que atiende al 80% de Cali.
En abril de 2012 el Concejo aprobó los recursos para la construcción y operación del sistema de tratamiento de lixiviados y el cierre definitivo de Navarro. Hoy aún existe una zona sin clausurar y el botadero continúa sin planta de tratamiento de lixiviados.
En octubre de 2013, el Director de Planeación Municipal presentó ante el Concejo los avances del plan de desarrollo indicando que la construcción de la Planta está en un 5%, mientras la directora del Dagma responde que el avance es del 95%, ¿a quién creerle? en la práctica, la planta aún no existe.
Es paradójico que la ciudadanía no se pronuncie al saber que el 80% consume agua de un río contaminado y más inverosímil creer que esta contaminación solo afecta a los caleños, olvidando que el Cauca es afluente del Magdalena, que alimenta cientos de municipios en su recorrido.
Cali lleva 43 años enviando mensajes ocultos en el agua para un país que no entiende y parece no interesarle, desconociendo las graves consecuencias: la madrevieja ya no existe, el subsuelo se ha contaminado y en el río ya no es posible la misma vida.
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