Masculinidad

Rodrigo Fernández Chois

Tenía a una hermosa feminista frente a mí argumentando su posición en contra del “arquetipo prehistórico de la masculinidad”. Estaba condenando al hombre violento. Yo sabía que tenía las de perder si debatía con ella. De hecho, en el arte de la locuacidad y elocuencia, los hombres tenemos todas las de perder si nos enfrentamos con ellas. Napoleón nos advirtió que las batallas contra las mujeres solo se ganan huyendo. Sin embargo, y después de sopesar en la balanza el encanto de mi interlocutora vs. su radical posición; decido asumir el riesgo.

“Hombría, masculinidad y virilidad no necesariamente son lo mismo”. Le digo. Y continúo: “La masculinidad que criticas es química pura. Y es la causante de muchas virtudes entre las que la violencia es una de ellas”. Me mira con una risa irónica y antes de que me contra ataque con su artillería le explico: “Imagina que llegan dos sujetos en este momento y te agarran de los brazos con la intensión de abusar de ti. Inmediatamente la hormona responsable de mi masculinidad se dispararía, me haría perder la razón y me impulsaría a enfrentarme a tus agresores, aun sabiendo que me puede costar muy caro; pero no permitiría que te pasara nada”. Ella me mira con interés. “Sí, es esa masculinidad violenta la que permite que los hombres se enfrenten al peligro, al diablo mismo si fuera necesario; para proteger a su pareja, a su familia y a la sociedad que valoran”. Mi respuesta produce en ella un particular brillo en sus ojos. Calla unos segundos y pregunta “¿Y la virilidad?”. Sonrío: “Eso, te lo explico sin palabras”.

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