Más allá de las encuestas…

La tendencia de la calificación de los caleños a la gestión del alcalde Rodrigo Guerrero, el análisis sobre lo que han sido los últimos alcaldes (Ospina, Apolinar y Cobo) y el último lugar de Cali respecto a las administraciones de las cuatro principales ciudades, amerita rectificación.

El pesimismo y el estado de ánimo preocupante de los caleños se expresa por la inseguridad, el deficiente transporte público, la mala prestación de los servicios de salud, la deficiente calidad y problemas de la educación pública y la informalidad con el creciente desempleo. Estos resultados tristes y negativos son inexplicables para un alcalde que lo tiene casi todo: experiencia, honestidad y preparación; gran resultado electoral, que lo desperdició en los primeros seis meses, apoyo unánime de empresarios, gremios y del Gobierno Nacional.

Los analistas identifican al gobierno como elitista, dentro de una sociedad caleña fracturada y enmarcada por alta desigualdad social. Hay un gabinete de tecnócratas que les falta haber vivido e interpretar los problemas de los caleños para resolver los problemas de la administración, el MIO, Hacienda, movilidad y planeación.

Los conocedores de la temática le achacan a Guerrero la falta de corte de cuentas con Ospina, quien a su vez no lo hizo con Apolinar y este con Jhon Maro. No corrigió el MIO y las megaobras, hoy inviables, y los asumió como propios.

Su relación con el Concejo es equivocada. Podría ensayar una relación constructiva, que desempantane la parálisis causada por el mismo gobierno. No hay alternativa diferente a cambiar su gabinete, convocar a todos los ciudadanos a participar de la construcción de ciudad que todos anhelamos y para ello debe reconocer la emergencia económica-social en que nos encontramos y no limitarse a un “papayazo” tributario que es necesario, pero no suficiente.

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