Revuelo ha causado en los últimos días el proyecto de ley que radiqué en nombre del liberalismo, y que busca permitir el uso medicinal del cannabis cuando las investigaciones científicas, comprueben resultados eficaces en el tratamiento de enfermedades crónicas.
En realidad, este proyecto no es novedoso, estamos hablando de una planta que ha sido utilizada por sus propiedades terapéuticas y usos industriales.
A pesar de esto, una extendida política prohibicionista sobre las drogas, dirigida principalmente a la penalización de los usuarios, ha demorado el inicio de un debate sobre los beneficios de la marihuana en la salud y sobre estrategias de prevención del consumo.
Es necesario reabrir el debate público. No se trata simplemente de importar un modelo extranjero sobre el uso medicinal de la marihuana, es fundamental reconocer las características particulares de nuestro país, el perfil epidemiológico de sus habitantes, las condiciones de cultivo y producción interna y las recientes estadísticas de consumo a edad temprana, para desarrollar un modelo propio, a partir de datos clínicos y científicos obtenidos en el territorio nacional.
La comunidad internacional ha comprobado la eficacia del uso en la calidad de vida de pacientes con padecimientos crónicos como el cáncer, la artritis, glaucoma, síndrome de Tourette, el Sida, diabetes, epilepsia. Adicionalmente, el Instituto Nacional de Abuso en Drogas de los Estados Unidos, en un estudio reveló que el cannabis era la sustancia menos adictiva, seguida por la cafeína y que la nicotina era la sustancia que causa mayor dependencia.
Colombia ha acumulado suficiente frustración frente a estrategias fallidas en el manejo de la marihuana y ahora, está preparada para hablar del tema y para buscar nuevas formas de mejorar la calidad de vida de todos aquellos que sufren enfermedades terminales o crónicas.
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