El rol de Manuelita como independentista es indiscutible, se desprende y colige de documentos oficiales que fue una activista, por varios testimonios de la época, se observa en las mismas cartas de Bolívar, de la certificación de Antonio José de Sucre sobre su valentía en las refriegas militares, de su solicitud para ingresar al ejército libertador, de la distinción como capitana de Húsares y luego como generala, del papel que desempeño ayudándole a Bolívar a concebir la creación de un país como Bolivia, de sus actividades en ayuda hospitalaria y administrativa en la Batalla de Junín, de lo aguerrida que fue en la Batalla de Ayacucho, y se convirtió en consejera del Libertador. Además de su innegable valor al evitar el asesinato del Bolívar dentro de la conspiración septembrina.
Fue un independentismo con todos los riesgos que implicaba enfrentarse a un ejército realista todavía no vencido, pero si ya desmoralizado.
En esa época no se trataba de impulsar un mecanismo de participación para reclamar la independencia; la democracia no se había instalado, se trataba de acciones clandestinas e intrépidas para coadyuvar con el avance de las tácticas patriotas, buscar consolidar la derrota de los españoles y construir el Estado-Nación para obtener un ordenamiento jurídico propio, sin instituciones foráneas y explotación de todos los recursos minerales y de especies que apuntalaron a los españoles en el contexto europeo de los siglos XVII y XVIII.
Por eso es considerada una predecesora del feminismo por el reconocimiento de los derechos de la mujer y por la defensa de los derechos humanos, como lo fue la francesa Olimpia de Gouges.
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