La visita del Papa Francisco coincide con el anuncio del cese de hostilidades bilateral pactado entre el ELN y el Gobierno Nacional, operará durante tres meses a partir del próximo primero de octubre. Es la primera vez que esta guerrilla acuerda con el Estado una medida efectiva que apunta a reducir la intensidad del conflicto y a la generación de condiciones de confianza, en un proceso atravesado por el escepticismo, en especial por la persistencia en la práctica del secuestro y la percepción de falta de unidad del mando de esta guerrilla.
El acuerdo logrado incluye la cesación de operaciones militares que afecten a la población civil, es decir, el tema del secuestro y los atentados a la infraestructura del país.
A pesar del desconcierto que generan las declaraciones de los jefes del ELN, este acuerdo nos permite pensar que se puede y se debe avanzar hacia la concreción de un modelo de paz total. El mero hecho de acordar un alto el fuego temporal, impactará positivamente el proceso y generará respaldos políticos y sociales que impulsarán su progreso.
De otra parte, se concreta la posibilidad de un proceso de sometimiento a la justicia del llamado clan del golfo, gracias a la manifestación expresa de su principal líder.
Quedaría Colombia frente a la posibilidad de resolver durante el periodo del presidente Santos todos los conflictos armados entrecruzados que comprometieron por décadas la vida de nuestros connacionales. El reto sería erigir un
Estado capaz de ejercer el poder soberano sobre sus territorios: villorrios, cordilleras, mares, valles y ciudades olvidadas. En síntesis, un Estado capaz de repensarse más acá de Bogotá.
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