Manaos – Mundial 2014

Hace muchos años entendemos y admiramos a Brasil.

Amado, con su prosa magnífica, la música subyugante del bossa nova, su auténtico jazz expresado en el baile alucinante de sus bellísimas mujeres, quienes nos recuerdan a la inolvidable Carmen Miranda en Mama yo quiero. Ahora es el Mundial de Fútbol.

Cuando revisamos las sedes, la Arena Amazonía, en el corazón de la selva, reafirmó las razones que mantengo en mi cercanía con el gran país.

En 1896 inauguraron en Manaos, ciudad construida en plena selva, el Teatro Amazonas, expresión para el pensamiento y la cultura, vigente en su función y el diseño magnífico del mármol que lo sostiene.

Hoy, para el reto del Mundial de Fútbol, la respuesta es Arena Amazonía, un estadio construido con la forma de una canasta de paja indígena, para acomodar 42 mil espectadores.

El transporte fue necesario hacerlo desde el puerto portugués de Aveiro en cinco barcos que cruzaron el océano Atlántico en 20 días, remontando el río Amazonas y sus afluentes para atracar en el destino final, Manaos.

Sus dos millones de habitantes ya tienen donde gritar \”gol\” enronquecidos de la emoción.

Encontramos lección para aprender y divulgar. Los colombianos también somos Amazonía. Tenemos selva bellísima que por la incompetencia de los gobiernos se está arrasando, sin entender que matamos el presente y el futuro.

Y para no ir muy lejos, el Pacífico sigue como lo encontró don Pascual de Andagoya, al punto que los representantes de la Alianza Pacífico no pudieron conocer Buenaventura, por el atraso de su aeropuerto, la carencia de vías y el ferrocarril de juguete.

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