Empezó diciendo que la secretaría de tránsito era “la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones”, deslegitimando así la autoridad de los guardas, lo que posiblemente ha derivado en los múltiples ataques a su integridad que vemos en redes sociales.
Luego afirmó, sin ningún sonrojo, ante la oleada de violencia y atracos callejeros en que se ha sumido la ciudad que “no hay que dar papaya”, dejando a merced de los cacos a la ciudadanía de bien.
Sin estar satisfecho con las súbitas declaraciones, dijo que se aplazara un partido de fútbol del América de Cali en el estadio Pascual Guerrero, porque “Cali es una ciudad muy explosiva, una ciudad donde tenemos un millón de negros”.
Ni qué decir de las obras del terminal del sur, del zanjón del burro, la Sagrada Familia, que han generado gran polémica en la ciudadanía.
Igual, la seguridad en zonas como San Fernando, El Peñón y Granada donde instalan un retén al día siguiente del hecho delictuoso y a la semana siguiente lo retiran.
Prosigue diciéndoles a líderes indígenas que protestaban a las afueras del CAM “ahorita, traigan la flecha”, lo que generó encono en la comunidad Nasa que habita alto Nápoles.
Ahora sale a los medios diciendo “tomen jugo de papaya y no alcohol” justificando su medida de “ley seca” para el fin de semana pasado, teniendo no buenos resultados en baja de homicidios, y afectando el rubro de salud y educación por no percibir recursos al dejarse de vender 7.200 millones de pesos en licor de la ILV.
Por eso el malestar que tiene la ciudadanía.
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