Quien lo creyera; aún hoy, pasada una década del Siglo XXI persisten los perjuicios como consecuencia de actos irracionales de discriminación. Las razones se encuentran, como hace siglos, a la orden del día: raza, religión, inclinación sexual, origen geográfico, ideología política, cultura y el peor de todos en mi concepto-género. Ya lo decía Einstein cuando afirmaba que vivíamos en una triste época en la que “es más fácil desintegrar un átomo que un perjuicio”.
Puedo llegar a entender sin compartir, por supuesto las bases que supuestamente fundamentan los seis primeros prejuicios. Pero con respecto al último, al que concierne al género, me es prácticamente imposible. ¿Cómo puede alguien nacido de la unión de dos sexos, pretender la supremacía de uno de sus padres con respecto al otro, basándose en la diferencia de género?
Siempre me he considerado un feminista en el sentido de compartir el ideal feminista de igualdad. Sin lugar a dudas, existe una deuda histórica con ellas por parte del llamado patriarcado. Y verdadero es también que gracias a los movimientos feministas ellas han logrado romper grandes paradigmas y lograr estatus de igualdad en muchos campos de la vida como en el acceso a la educación, la posibilidad de votar, el derecho a un empleo igualitario e incluso el derecho al placer sexual sin el componente expresamente reproductivo.
Pero pese a todo lo anterior, en nuestra ciudad he sido testigo de posiciones machistas cuando se plantea un paralelismo de derechos en lo que compete a diversión. Conclusión: mucha tela por cortar y una batalla que no termina.
rodrigofernandezchois@hotmail.com
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