Los ciudadanos y ciudadanas nos sujetamos a un acuerdo social que tiene como fin que vivamos en un entorno con reglas seguras respetadas por todos y todas.
Sin embargo el acuerdo social que se manifiesta en las leyes tiene hoy por hoy un gran enemigo: la corrupción.
Para generar un acto de corrupción, como en el sexo, se necesitan dos, uno que proponga y otro que acepte.
Desafortunadamente, la premisa del sistema socioeconómico en el que vivimos, de generar lucro en cada una de nuestras acciones, alimenta las probabilidades de que los encargados de hacer respetar la ley piensen primero en servirse a sí mismos antes que servir al interés general.
A su vez, la tentación de los ciudadanos de ser cómplices de un acto de corrupción aumenta cuando se enfrentan al dilema de pagar conforme a la ley por sus equivocaciones, o pagar una cuota extralegal al encargado de hacerle cumplir la ley, a cambio de que no aplique la misma.
El tejido social se rompe cuando no podemos confiar en el otro y si la confianza en la ley y en quienes la hacen cumplir se socava \”la sal se corrompe\”, los ciudadanos nos vemos entonces a merced de los favores y desposeídos de nuestros derechos.
Como salida a este dilema debemos decidir conforme a la ley y no conforme a nuestro bolsillo, dejando de lado toda racionalidad económica, debemos pagar lo que la ley imponga, darnos el regalo de ser honestos aunque nos cueste más.
\”Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca te disculpes por ser correcto. Si estás en lo cierto y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad sigue siendo la verdad.\” Gandhi.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

