Cuando arrecia la tormenta, Iván Duque, como presidente, remonta el vuelo para campearla, mientras que los pajaritos se esconden.
Salen tan acuciosos diciendo que van a marchar el 21 de noviembre por “amor” a Colombia, que bueno y saludable, ojalá se hubieran enamorado así cuando nos clavaron siete reformas tributarias y un IVA del 19%.
Así las cosas, ponen el grito en el cielo cuando un presidente no politiquero demuestra, porque las cifras lo respaldan: el Banco de la República dio utilidades por 8 billones de pesos este año y se esperaban 3,5. Ecopetrol va por 12 billones y esperaban 7.
Duque recibió la educación desfinanciada y logró el presupuesto más alto de la historia para el sector, 41,4 billones de pesos, el aumento de los recursos para la educación superior en un 4,5 billones e incrementó el rubro del programa de alimentación infantil (PAE) en un 48%.
Los invito a verificar estas cifras en todas las fuentes confiables. Pero, claro, como el presidente Duque no repartió mermelada, en un intento por frenar la corrupción, no hay quien difunda los logros y avances de una política seria de cara al país.
Quienes lo ungimos con nuestro voto no caigamos en la trampa, no deberíamos permitir que los corruptos logren su cometido, que es desprestigiar al gobierno del presidente Iván Duque.
De la misma forma, sería insensato no reconocer acá en el Valle del Cauca la gran labor de la gobernadora Dilian Francisca Toro en políticas publicas afirmativas en todos los sentidos.
Solo nos queda invitar a la reflexión respecto al paro del 21 de noviembre. Estamos a tiempo.
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