Los inelegibles

Nada más sublime y estético que el Infierno de Dante. Nueve círculos describe el poeta para revelarnos su singular Averno; y del primero al noveno, la lejanía del Señor prevalece, ¿existe peor condena? Atrevido cruzo el pórtico no sin antes leer el cartel de bienvenida cuyo autor sospecho: “Es por mí que se va a la ciudad del llanto.

Es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre la raza condenada. Yo fui creado por el poder divino, por la suprema sabiduría y por el primer amor; y no hubo nada que existiese antes que yo. Abandona pues toda esperanza si entras aquí”.

Comienzo mi recorrido en la orilla del río Aqueronte donde los ambiguos campean, Pilatos entre ellos. Primer Círculo, El Limbo, donde los no bautizados chillan arrepentidos.

Segundo Círculo, los lujuriosos y lúbricos, un lugar nada mal para un amante de la carne. Tercer Círculo, la casa de los glotones sin excusa; Cuarto Círculo, avaros, tacaños y miserables. Quinto Círculo, iracundos y perezosos.

¡Y comienzo a sentir el frío de alejarme de la presencia Divina! Sexto Círculo, herejes y ateos cuya existencia se debe paradójicamente al objeto de su no fe. Séptimo Círculo, hombres violentos no sólo con sus pares sino consigo mismos por cometer suicidio.

Octavo Círculo, trapaceros de todo pelambre: proxenetas, políticos y brujas. Y arribo finalmente donde quería llegar con el fin de reconfirmar mi intención de voto para este domingo quince: llego al Noveno Círculo. Y he aquí a los seres más odiados y aborrecidos.

El Pandemónium mismo, el sanctasanctórum de la ingratitud. Caín, Judas y el mismísimo Lucifer capitanean un séquito de hombres cuya traición es historia. Los inelegibles.

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