Los hombres de los libros

Con la lamentable y triste partida de nuestro premio Nobel se han vuelto a poner de moda los libros… los de su magistral autoría por supuesto, los libros en general y los recomendados también.

Suelo hacerme una idea de alguien según lo que lee; incluso puedo llegar a conocer a ese alguien mejor de lo que llegará a conocerse a sí mismo si me confiesa qué ha releído.

Pero cuando se trata de libros recomendados, la cuestión se torna un tanto diferente. Recomendar un libro es un paso más allá; es casi que desnudar el alma.

Durante mi vida me han sugerido un centenar de libros. Las primeras recomendaciones, recuerdo, fueron justamente obras de Gabo; y aunque estas “recomendaciones” tenían el tinte obligatorio del colegio, porfortuna su imposición no truncó la pasión que nacía en mí; por el contrario, me despertaron un singular amor por el mundo del libro.

Los años pasarían y las sugerencias bibliográficas también. “Hay de todo en la viña del Señor” solía concluir cuando me proponían obras de superación personal con títulos que con su sólo nombre me hacía compadecer a nuestra fútil especie.

Sin embargo, mi idea al respecto cambió. Juzgo que estas recomendaciones en particular guardan en sí mismas -y sobre todo en la persona que las realiza- una majestad humana que ya quisieran albergar los consejos editoriales que popularizan los intelectuales.

Por ello valoro más las primeras que los últimos, y aunque los seudo eruditos calificarán de anatema esta confidencia, queda aquí consignada; que sea un sencillo homenaje al soñador escritor ido que me enseñó a valorar a los hombres que están a lado y lado de todo libro.

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