El tema de los escoltas del grupo guerrillero está sobredimensionado. Es absurdo pensar que se les asignen 1.200. La primera cifra que hay que considerar es que a las zonas veredales llegaron no más de 7.000 y que solo tiene riesgos de seguridad la cúpula. ¿Por qué un esquema de seguridad tan exagerado? También podemos considerar que a la Unidad Nacional de Protección, entidad a la que serán incorporados los nuevos escoltas, pertenecen 3.500 efectivos, personal que brinda seguridad a todos los colombianos en riesgo.
Continuamente concejales, diputados y líderes de diversos sectores se quejan de que les quitan o disminuyensus esquemas de seguridad por falta de recursos.No me suena lógica la distribución de los recursos. Además de esta inequidad, me inquieta saber que 1.200 exguerrilleros estarán en las calles armados aunque sea para prestarle seguridad a sus “colegas”.
El país es testigo de manerafrecuente de la forma en que miembros de la Policía y de las Fuerzas Armadas cometen diversos delitos. Si eso pasa con personas que supuestamente han sido formadas para hacer cumplir la ley, ¿Qué podemos esperar de aquellas que han sido adoctrinadas para quebrantarla? ¿Serán suficientes unas pruebas sicotécnicas para determinar su idoneidad no solo para proteger a sus compañeros de filas sino para garantizar la integridad de los ciudadanos que van a rodearlos? El criterio del Gobierno es que los exguerrilleros deben confiar en sus escoltas y ¿Qué pasa con la tranquilidad que debemos sentir el resto de los colombianos? Me resulta antipático que hoy todo parece girar en torno a aquellos 7.000, sus necesidades no son distintas a las de 44 millones de colombianos y el gobierno no los puede convertir en ciudadanos VIP.
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