Se acostumbra celebrar los natalicios, las exaltaciones y el fallecimiento de los escritores únicamente reconociendo sus legados literarios. Pocas veces analizamos la relación de sus obras literarias con el ejercicio pedagógico, quizá porque ha sido un asunto que los escritores han pasado por alto, explicable porque fueron pocos los que se acercaron a la docencia. Pero en el caso del centenario del natalicio de Julio Cortázar, gestor del movimiento literario del ‘Boom Latinoamericano’ de los años sesenta, conmemorado el pasado martes 26 de agosto, sí hallamos como valioso documento un libro publicado por la editorial Alfaguara, transcrito de los casetes que grabaron unos universitarios admiradores suyos, asistentes a las clases que dictó durante dos meses como profesor invitado. Parecido a como se aprovecharon las charlas del gran escritor argentino, ocurrió con las del maestro Estanislao Zuleta, porque gracias a los cuadernos de apuntes de algunos de sus acuciosos estudiantes de la Universidad del Valle, fue posible publicar su legado bibliográfico sobre economía colombiana, el psicoanálisis, el arte y sus elogios a la dificultad. La publicación titulada “Julio Cortázar. Clases de Literatura. Berkeley, 1980”, es una rica fuente que propone cómo persuadir lectores, se refiere a su evolución de escritor y confiesa cómo nacieron los cronopios y sus cuentos insuperables, por ejemplo, “La continuidad de los parques”, igual que su novela cumbre: “Rayuela”. No hubo necesidad de editar las charlas de las clases en vivo, ya que Cortázar era muy didáctico desde que ejerció como profesor de bachillerato y, ya en su madurez como conferencista, estructuraba el discurso al tiempo que improvisaba y exponía sin llegar a afectar con muletillas los discursos.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

