Es una serie de televisión con excelente sintonía. La edición es correcta. El contenido responde a su creciente audiencia nocturna. El título recuerda la historia bíblica de Caín y Abel. En la técnica de grabación, buscando mejor efecto visual, parece que se usaron procedimientos cinematográficos complementados con la caja chica. La música ayuda, es bien desarrollada. Los artistas desempeñan muy bien los variados personajes. La pauta al principio fue pródiga.
Una empresa anunciadora retiró su publicidad, hecho que repitió otra cercana. La razón de estas decisiones, de enorme efecto económico, principió cuando en la familia de un rentable anunciador prohibieron que los menores vieran el elegante bodrio que consideraron inmoral, dañino, inconveniente para los menores de edad. En los altos heliotropos empresariales se produjo la confusión. Surgieron asociaciones de anunciadores que exigieron el derecho de seguir, “libertad de expresión”, y el alboroto aumentó la audiencia. Un juanlanas aclaró “es la historia de Colombia”. Una familia completa delinque con éxito. Los resultados económicos de los negocios innombrables les permite comprar desde aviones hasta funcionarios del Estado de mayor jerarquía adornados con mujeres indiscutiblemente bellas. El aumento de los televidentes elimina reticencias, sigue en horario privilegiado y es tema menor en cocteles y reuniones importantes.
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