Lo que empieza mal, termina mal

Muy pocos Presidentes en la historia de Colombia han recibido, si es que alguna vez sucedió, una herencia política y de gestión de Gobierno como la que le fue entregada a Juan Manuel Santos.
Cuando obtuvo el apoyo de los colombianos, el país no había solucionado todos sus problemas, pero la inmensa mayoría compartía la opinión de que se iba por buen camino.

Y como el hoy Presidente había sido una figura destacada de la administración que llegaba a su fin, de cara a la imposibilidad de reelegir a Álvaro Uribe Vélez, optaron por pronunciarse en favor del exministro de defensa que había contribuido, con éxito, a ejecutar el programa con el que había estado comprometido.
Lo que se pretendía era que Santos conservara el rumbo y siguiera transitando por la senda que había permitido avances muy positivos en la solución de problemas que agobiaban al país.
Pero, la ilusión con la cual se votó empezó a transformarse muy pronto en desconcierto y, poco a poco, en malestar, primero, y franco rechazo, después.

A lo anterior se sumó el impacto de varias decisiones que marcaron un cambio del rumbo, las cuales fueron calificadas por los electores como un desconocimiento del mandato que se le dio al Presidente de la República.
En tales condiciones, no puede haber dudas acerca de las razones que inspiran los resultados de las encuestas de opinión más recientes sobre la gestión del Presidente Santos.
Esa es la verdad de lo que está sucediendo.

Ya veremos la evolución de los acontecimientos en los próximos meses.
Por lo pronto, bueno es acudir a la sabiduría popular para recordar que lo que empieza mal, termina mal.

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