Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Llegó el maestro elemental

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los colombianos ya no nos conmovemos cuando anuncian o nos invitan a los homenajes públicos. Pensamos que se trata de escogidos en la politiquería.

Homenajean a funcionarios firmantes, a congresistas inoficiosos, a líderes que jamás han movido una piedra en sus comunidades, pero se llevan los honores porque confabulan con los contratistas oficiales.

Asistir a esos actos es la mayor expresión de hipocresía, es la actitud más reprochable de cualquier persona.

Esa malograda costumbre social hasta llegó a contaminar la escogencia de los “educadores ilustres” en las exaltaciones oficiales para celebrar los días del maestro. Generalmente quienes se llevaban los honores eran los directivos docentes, que en sus discursos de aceptación de las preseas nunca tenían la modestia de resaltar el trabajo de sus maestros de planta.

Habría que preguntarse si es pura coincidencia que varios de esos condecorados después incursionaran en la política y pronto se olvidarían de sus colegas. Anticipé estas previas reflexiones para demostrar que el acto de exaltación que hace Lizardo Carvajal sobre la vida y obra de Luis Enrique Dorado Rodríguez, está exento de la contaminante costumbre.

Quienes conocemos de cerca tanto al oferente como al homenajeado, damos testimonio de la pureza del acto público. Admitimos que el mejor y más significativo homenaje merecido por un educador es que haya sido promovido por un colega, queda inmortalizado en las páginas de un libro y los méritos esgrimidos en la exaltación sean públicamente conocidos.

Lizardo Carvajal es un hombre público, reconocido entre los educadores porque en los cursos de capacitación del magisterio a él le aprendimos innovadoras técnicas de investigación.
Reconocido por los estudiantes en la cátedra universitaria. Reconocido por los escritores que gracias a este editor lograron producir su primer libro.

Por eso sabemos que el homenaje que Lizardo Carvajal le tributa a Luis Enrique Dorado Rodríguez, es merecido y diáfano. No tiene ningún otro tinte que el académico y el pedagógico, y sabemos que su oferente sí que es exigente para tomar esa decisión. Los docentes preferimos ser objeto de las reflexiones de Lizardo Carvajal, que recibir honores oficiales.

Luis Enrique Dorado Rodríguez engendró la estirpe de los Maestros Dorado. Compartí pupitre con Henry (q.e.p.d) y desde hace varias décadas profeso una gran amistad con Libardo, desde la Normal Departamental para Varones y en la cátedra en la Universidad Antonio Nariño.

Por eso hoy comparto esa alegría de Libardo Dorado, él está orgulloso porque en vida, actualmente su padre cuenta con 98 años de edad, su memoria sea incluida en las páginas del Volumen XIII de la Biblioteca Colombiana de Gerontología, que se lanza el martes 17 de mayo de 2022, Día del Maestro.

Luis Enrique Dorado Rodríguez, gestor de la estirpe de educadores, cuenta con la benevolencia divina que le permite en vida evaluar su propia obra: Luis Enrique Junior (docente jubilado, exrector IE Eustaquio Palacios), Beatriz Dorado (rectora en la IE El Hormiguero), Jairo Antonio Dorado (docente), Libardo Dorado (rector IE Vivas Balcázar).

Lizardo Carvajal, en la reseña biográfica, se refiere así al maestro: “Miranda adquirió un mayor desarrollo. Cincuenta años después llegó a este poblacho un muchacho alto, piernilargo, esbelto; vestido con corbata y saco, seguramente sombrero; de mirada buena y trato amable; no le podía faltar el lápiz y el cuaderno y claro, una tiza en el bolsillo.

Acababa de recibir su grado de maestro en la Normal Rural de Bolívar, Cauca. Era Luis Enrique Dorado. Fue noticia en todo el poblacho. Los padres de familia se pusieron atentos y las chicas de todos los caminos se adornaron de curiosidad: ¡Llegó el maestro!”

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