La intención expansionista de los departamentos que pretenden adueñarse de municipios ajenos se parece a la del vecino cuando se entera del esposo que no sabe aprovechar los talentos de su mujer. Belén de Bajirá, según el Dane, tiene acueducto apenas para el 2% de su población, alcantarillado para el 32% y sufre analfabetismo en un 33%. Sin embargo, posee 5000 hectáreas de plátano de exportación, 400 hectáreas de palma africana y licencias para exploración minera.
Los litigios pueden ser desde los mínimos entre vecinos por los mojones de sus fincas, hasta los complejos conflictos internacionales por territorios que pueden terminar en guerras.
Hace algunos años urbanizaron terrenos aledaños al extinto río Menga y los moradores del nuevo barrio quedaban en vilo porque unos pagaban sus impuestos en Cali y otros en Yumbo. A veces la intención separatista es promovida por coaliciones politiqueras como cuando Cartago quiso fraccionarse del Valle para adherirse a Risaralda.
Cuando Nicaragua reclamó a San Andrés hubo isleños que aplaudieron la posibilidad de ser gobernados por los sandinistas. Entre las consecuencias por las apropiaciones de territorios también me acuerdo de la controversia de los biógrafos de Jorge Isaacs, porque hubo quienes lo consideraron chocoano, otros caleño y otros caucano. Todos tenían razón porque entonces la provincia del
Gran Cauca estaba conformada por Pasto, Popayán, Cali y Chocó. Belén de Bajirá, reclamado por Chocó y Antioquia, es uno de los 84 litigios que comprometen a Huila y Cauca, Nariño y Putumayo, Boyacá y Cundi-namarca, Meta y Guaviare, Norte de Santander y Santander, entre otros departamentos.
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