Lista cerrada o voto preferente

Este domingo, con motivo de las elecciones legislativas, se pondrá, de cara a la opinión pública una disputa extraña en las democracias del primer mundo.

Colombia es de los pocos países donde la ambigüedad que rodea a la democracia electoral es un lugar común cada cuatro años, desde que a partir de la Constitución del 91 se decidió convertir en razón de Estado, la llamada coloquialmente, “operación avispa”.

Antes de 1991 los grandes jefes políticos, bolígrafo en mano, determinaban el nombre y el lugar del candidato. Esta aberración fue sustituida por una todavía más grotesca, como fue darle carta de naturaleza a los empresarios electorales, dejándoles a su arbitrio una cauda de clientelas, que siendo alimentadas por el presupuesto público, se han alineado de manera disciplinada a votar por quien en su condición de jefe les garantizó puestos y contratos.

El voto preferente ha imposibilitado la ruta generosa de los constituyentes para consolidar una democracia con fuertes partidos políticos. El remedio ha sido peor que la enfermedad.

Las organizaciones partidistas nunca aparecieron y los dos grandes partidos se convirtieron en famiempresas electorales que determinan sus herederos. El agitador de ideas fue remplazado por equilibristas que han llenado de desprestigio al Congreso.

El domingo será el primer acto de un debate inaplazable. A pesar de sus múltiples debilidades, habrá por primera vez desde el 91, listas a Senado y Cámara, por parte del Mira y el Centro Democrático, que tratarán de competirle a las listas donde se vota de manera individual.

Al debate están convidados los partidos para que dentro de su lógica eliminen la autonomía de las microempresas electorales o si no, que aparezca seriamente la opción del “régimen parlamentario” o el 41% del voto en blanco sea el principio del fin.

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